jueves, 22 de junio de 2017

Los anteriores padres de Pepito

Ya no me acuerdo exactamente a qué edad dijo Pepe palabras entendibles, oraciones o pudo entablar una conversación, pero entre su rico vocabulario de 20 palabras decía muy seguido Yayi, y por Yayi se refería a una persona, no me asustó pensar que mi hijo tenía una amiga imaginaria, de cualquier forma era algo normal tratándose de un hijo único. Pepe es un niño especial, para sus papás y sus familiares, Pepe es un niño normal para todas las demás personas. Está dentro de todos los promedios y parámetros y eso para mí ya es algo maravilloso.

Lo primero que se me ocurrió fue preguntar a nuestra casera de unos 70 años aproximadamente, cómo le apodaban a su mamá, ahora fallecida, ya que ambas habían vivido en la casa que ahora nos rentaban, me dijo un nombre que no era Yayi.

Pasaron pocos años y Pepe seguía mencionando a Yayi, ya era parte de la familia, cuando estaba a punto de explotar después de horas de tráfico oyendo las ruedas del camión y mamá va en su coche, le cambiaba a mis canciones y para pronto esperaba el reclamo de Pepe, yo le decía, ya escuchamos tus canciones y ahora le toca a Yayi, Yayi escogió Hotel Costes.

Pepe, ahora vengo, no piques ninguna tecla de la computadora.
dddddddddddddddddddddddddd.............llllllllllllllllllllllllllllll

¿Pepe?
¿Qué paso en esta computadora?

-Fue Yayi,

¿Quién dejo esto aquí?
-Fue Yayi.

Había veces que le preguntaba a Pepe ¿por qué no has recogido tu cuarto? porque hoy le toca a Yayi, contestaba él, ah que bueno, ¿Yayi es tu asistente o qué?

Oye Pepé cómo es la ropa de Yayi?
-Ah pues ella trae una bata.

Un día estábamos en un canal de agua, fuimos a excursionar, Pepe tenía como dos años y dijo en un lugar parecido a este yo ya había ido, y nadé pero tu no eras mi mamá ni mi papá era mi papá, yo tenia otros papás.

Había veces que no podía contestar nada. Me quedaba sin palabras, cosa muy difícil.


A los cuatro años nos dijo Pepe que sus otros papás se llamaban Marta y Eugenio, que el tenía esos papás, yo rapidísimo le dije, pues vamos a buscarlos, de seguro te están buscando y te extrañan mucho, ¡yo te llevo con ellos y ahí te dejo! el dijo que ellos estaban muertos. Eugenio había fallecido en el coche y Marta se había quemado en la cocina. Parecían unos padres amorosos ya que la actual madre de Pepe, o sea yo, era más regañona, enojona y neurótica que Marta.
Un día que estábamos comiendo en la playa Pepe dijo, cuando se muera mi papá ya no quiero que seas tan regañona.
Tampoco pude contestar.

No te olvides de los detalles

Te daré un consejo: no te olvides de los detalles, hace 5 años, el 28 de marzo de 2012, fallecieron mis papás, ese día llegué a NY, recuerdo que hice lo que todos hacen cuando llegan a un hotel, sentarse en la cama y pensar ¿qué hacer? Después de cenar en Otto Pizza en la calle 8, recibí la noticia del fallecimiento de Don Gabo y Wica, ellos viajaban de Guadalajara a Manzanillo y pasando Ciudad Guzmán chocaron contra un tráiler, mi mamá invadió el carril, estaba en obra y no había señalamiento, no recuerdo a quien le llamé primero, en cuestión de horas había hecho y recibido muchas llamadas.

No recuerdo si pude dormir esa noche, al día siguiente yo seguía en N.Y., mi hermana Gaby estaba en Ciudad Guzmán, fue por los cuerpos y a levantar las actas de defunción, a ella le tocó la peor parte, firmar las actas, ir al servicio médico forense a identificar los cadáveres, bueno, esto no lo hizo pues estaban muy dañados, bastaba que dijera una seña y ella dijo que mi mamá tenía una prótesis de cadera, eso fue suficiente, sin embargo sí fue al lugar del accidente, Km 83 y hubo un momento en el que se tuvo que trasladar de un lugar a otro en una ambulancia con los dos cadáveres dentro de bolsas negras, no parecían los de personas, sobretodo el cuerpo de mi mamá estaba muy pequeño y compacto debido a tantas fracturas.

Por la tarde del día 29 fui a un concierto de música de Tchaikovski en el Carnegie Hall, recuerdo haber estado en la quinta fila, el piso de madera viejo, la alfombra y lo incómodo del asiento, no recuerdo las notas del violín, el chelo, flautas ni piano. Recuerdo que constantemente me secaba las lágrimas que recorrían mis mejillas, faltaba todavía una noche para que regresara a México.  Estaba desesperada por regresar.

El día 30 por fin regresé a Guadalajara, seguí llorando en el avión, hacía mucho calor, cuando llegué al aeropuerto estaba mi amiga Soledad, quién en repetidas ocasiones se ha hecho pasar por mi mamá, nos subimos a una camioneta y nos dirigimos al funeral. No recuerdo qué hablamos en el camino, cuando llegamos a la funeraria saludé a Lola, una señora preciosa muy distinguida, la mejor amiga de mi mamá y ella me dijo señalando los ataúdes, aquí está tu mamá y aquí está tu papá, yo decidí en que ataúd se iban a poner, luego me dijo tu mamá te quería muchísimo. Siempre lo he sabido, nos llevábamos en algún tiempo no muy bien tal vez porque éramos muy parecidas.

Lola y mi mamá fueron a un internado cuando eran niñas, ellas no eran huérfanas pero en esas épocas los viajes a Europa se hacían en barco así que los papas dejaban a las niñas en los internados de monjas para que les educaran los modales y aprendieran a llevar un hogar o simplemente eso era lo que se usaba, deshacerse de los hijos por unos meses. En fin, después de estar en el internado se perdieron la pista por unos años pero ya casadas se volvieron a encontrar y de ahí se hicieron más que hermanas, Lola estaba casada con un arquitecto increíblemente simpático que se llamaba Rafael. Nunca realmente me di cuenta que él no vivía con Lola pues él no se perdía de todos los eventos sociales, comidas, fiestas etc. así que de niña no noté que el solo era “esposo de compromiso”. El vivía con su amante y cuando la amante se enojaba Rafael regresaba a la casa de Lola, Rafael se suicidó aventándose de un edificio que construía cuando su amante decidió dejarlo definitivamente, así que hubo una misa y de repente llegó la amante llorando desconsolada, todos ya estaban sentados oyendo al cura cuando se comenzaron a oír los gritos de esa señora, en segundos Wica identificó que se trataba de la amante así que veloz salió de la iglesia y se deshizo de la mujer, sin que se dieran muchos cuenta, ella regresó a su asiento como si hubiera terminado una faena con orejas y rabo. 

Poco después del suicidio de su esposo, Lola tenía una boda, y por primera vez no tenía con quién ir, Wica era buenísima amiga, para pronto le dijo ¿a qué hora tienes que estar lista?, organizó a mi papá y le puso el mejor traje, la más bonita corbata, lo perfumó, le sacó los más nuevos zapatos y lo mandó a recoger a Lola puntualísimo, su misión era acompañarla, sacarla a bailar y contarle chistes para que la pasara bien y eso fue exactamente lo que Don Gabo hizo.  

Unos días antes del accidente,  Wica y Lola estaban en la casa de mis papás y Wica le dijo: “Lola cuando yo me muera, quiero que haya muchas flores, mira, aquí voy a dejarte dinero para mis flores”, Wica señaló un gabinete de la cocina y Lola le dijo “no voy a voltear a ver porque no te vas a morir”.  No se necesitó comprar más flores, había muchas. Había flores preciosas en su mayoría casablancas de color blanco.

Mi hermana Gaby mandó a su esposo Miguel Ángel a la casa de mis papás, ahí llegarían a dormir unos sobrinos de Don Gabo que venían de fuera y Miguel debía entonces darle una revisada a la casa por si había algo de valor a la vista o algo que no se debiera ver, mi mamá acababa de regresar de la India y le trajo a mi papá el libro del kamasutra, por si estaban practicando, esas eran las típicas cosas que no te gustaría que otros vieran en tu buró. Había una carpeta en la cama y entonces Miguel cogió eso y dos o tres cosas que vio muy a la vista y las guardo en un cajón.

Esa carpeta tenía el pago de un servicio funerario. Pareciera que tal vez ella sabía.
Ahí en el funeral estaban muchos amigos de mis papás, de Luis y míos, Gaby nunca fue muy amiguera,  recuerdo que fueron dos amigas mías de la primaria que son gemelas, solo que no fueron al mismo tiempo primero llegó Elsa y se presentó con Pola, mi mejor amiga por muchos años, y le hizo las típicas preguntas, ¿de dónde conoces a Michelle, qué haces? etc. luego se fue y llegó la otra gemela Beatriz y le hizo exactamente las mismas preguntas entonces Pola pensó que esta amiga estaba loca obviamente, ¡mira que hacer las mismas preguntas dos veces! después nos reímos muchísimo cuando ella me dijo, oye una de tus amigas está loca de remate, me preguntó lo mismo una hora después como si tuviera amnesia, le dije que eran dos, son gemelas vestidas de negro.  Ahí estaba también Paloma, su esposo y un amigo al que le decimos Miguelito porque es petit, Miguelito era mi amigo de la universidad, de una familia de notarios con un apellido muy ad hoc para la sociedad tapatía,  Robles, sobrino del doctor del Consulado, en 1995 a su papá lo operaron del corazón algo sumamente complicado, entonces mi mamá decidió adoptar temporalmente a Miguelito, su mamá estaría en el hospital día y noche así que Miguelito prácticamente se fue a vivir a mi casa. Mi mamá le hacía sus platillos favoritos, lo llevamos de vacaciones con nosotros y lo consentimos mucho.

Había mucha gente, una señora cuyo nombre ni rostro recuerdo me dijo, se van dos vienen dos. No entendí hasta dos semanas después cuando me estaba haciendo un eco y el doctor me confirmo estar embarazada. No eran dos, era solo uno. 

Mi papá también tenía un amigo muy querido, se llama Enrique y no ha dejado de llamarme en fechas importantes para saludar, escucho siempre en su voz cómo lo extraña.

Al día siguiente después del funeral se llevaría a cabo una misa por lo que había que conseguir un cura que oficiara, de inmediato pensé en Jimmy, hace más de 35 años mi mamá regresaba del súper cargando bolsas y un jovencito como de 14 años se ofreció a ayudarle, él vivía en el seminario que estaba a unas cuadras de la casa, le dijo a mi mamá que era del Grullo, un pueblo cerca de Guadalajara y estaba en el seminario con la finalidad de ser cura pero que sus papás no tenían dinero para ciertos gastos que tenía que hacer o comprar libros de teología por lo que veía difícil permanecer en el seminario. Entonces mi mamá le dijo: ven a comer, te invito, así llegó Jimmy un total desconocido a ser nuestro hermano, cuando no estaba recluido en el seminario, lo llevábamos de vacaciones, mi mamá le costeó sus gastos, cuando se hizo sacerdote fuimos a su ordenación y fue a mis papás a los que él lavo los pies. Tenía toda la estampa de cura.

Mi mamá no podía estar más orgullosa, sus tres hijos renegaban de la iglesia pero ahí tenía a uno prestado que era cura.  Ni mandado a hacer. El casó a Gaby, después a él lo mandaron a Tabasco donde tendría su propia iglesia, pero escribía con mi mamá por carta y seguido hablaban por teléfono. En alguna ocasión fuimos a Tabasco -en la VW combi- a visitarlo. En fin, pasaron muchos años y le perdimos la pista, un día por ahí del 2004 fuimos mi papá y yo de viaje y pasamos por el Grullo, el pueblo de donde era Jimmy, se nos hizo fácil llegar a la casa de sus padres y preguntar por él, nos dijeron que estaba en Guadalajara trabajando en la UNIVA, tenía años desaparecido y estaba yo deseosa en llegar y decirle a Wica que su hijo predilecto estaba en Guadalajara y no había sido bueno para saludar por años.

El caso es que un día Wica se arma de valor, va a la UNIVA y pregunta por el Padre Jaime Camberos, y le responden ah Jaime (sin lo de padre) está en tal oficina, mi mamá le dijo háblele y dígale que lo espero en la capilla de la Universidad. Después de un momento, se vieron los dos en la capilla para encontrarse y antes de él pronunciar palabra, ella le dijo: “quiero que vengas a comer a la casa, ahí te espero y ahora te quiero decir que te quiero muchísimo y que no habrá nada que me digas que me haga cambiar todo este cariño que te tengo. Tú siempre serás un hijo para mí”.  Jimmy se presentó a comer como habían quedado, siempre que había algún invitado a comer mi mamá se esmeraba en todo, en la mesa y en la comida, en aquella ocasión no fue diferente, hizo el platillo favorito de Jimmy, de postre supimos que Jimmy había tenido un amorío con una catequista de la iglesia y tenían 2 hijos María y Jesús, ya no era cura.

Cuando avisamos a la casa de Jimmy que mis papás habían muerto para que fuera a la misa, la esposa nos dijo que no le podía decir, recientemente a Jimmy le había dado una enfermedad grave, algo así como una embolia y estaba postrado en una cama.
No había preocupación alguna, curas amigos de mi mamá sobraban así que no tuvimos problema para conseguir otro.

La misa fue por la mañana los tres hijos hicimos una gran actuación, pudimos recordar lo que se debía contestar, a Luis le valió madre y comulgó siendo que hacia años no se paraba en misa, yo hice lo mismo y pensé que me saldría espuma de la boca o que un adorno me caería en la cabeza por sacrílega. A la salida de la misa mientras se llevaban los ataúdes con mis papás dentro, caminé sujetando el brazo de mi hermano, lloré muy fuerte algo parecido a la amante de Rafael, ese llanto estruendoso lleno de dolor. Otra vez había mucha gente que saludar, mi mamá hacía muchas obras de beneficencia, tenía distintos grupos de amigas;  las de la iglesia, las del Hogar donde compraba la comida para los enfermos una vez al mes, las amigas de toda la vida como Lola y Lupita su amiga y a la vez vecina con problemas de alcoholismo que era la más simpática de todas.

Uno de los ataúdes tenía una insignia especial, era una tela grande de sobrios colores que cubría el 25 por ciento del ataúd y significaba que esa persona era miembro de una cosa religiosa algo así como de lectura de la Biblia, se veía para mi gusto como masón, pero Lola me dijo que esa banda la pusieron en el ataúd de mi papá no en el de mi mamá, se equivocaron y solo Lola sabía quién estaba en qué ataúd. Mi papá no era muy religioso. Él era huérfano de padre y madre y era un hombre sumamente sensible que le encantaba la música clásica, contar chistes, tomar tequila, platicar historias pero no era religioso y fue al que le pusieron el trapo.

A la salida de la misa llegó mi amigo Daniel que vive en Puerto Vallarta, me abrazo fortísimo y comenzamos a llorar juntos, luego me di cuenta que su maquillaje se estaba escurriendo entonces comencé a reírme y eso hizo el también, él había ido muchas veces a comer a mi casa, estudiábamos juntos en la universidad y muy seguido devorábamos libros de derecho en mi casa entonces mi mamá nos hacía cosas ricas para comer, el no comía nada, nada le gustaba y a mi mamá eso no le hacía gracia.  Mi mamá nunca quiso darse cuenta que Daniel era gay, en esa época Daniel no se había salido del closet y se hacía pasar por galancillo. No hace mucho me dijo, ¿por qué no me dijiste que era gay si ya lo sabías? yo me sigo riendo cuando recuerdo como se le escurría el maquillaje. Seguimos siendo amigos.

Después de la misa fuimos a la casa de mis papás, ahí llegó mi exesposo Aldo a saludar, se le notaba triste aunque lo primero que hizo fue preguntar qué le habían dejado mis papás, yo le contesté pues no te irás de la casa sin algo así que escoge qué quieres,  tres años antes cuando nos divorciamos, también se llevó la mitad de la casa, incluidas latas de atún, toallas, sabanas, muebles, micro etc. Todo lo dividimos entre dos, pues era lo justo, así que era algo así entre broma y su gusto por llevarse cosas, estuvimos platicando muy cordialmente, recordando anécdotas, riéndonos, mi hermano Luis sacó una de las botellas de tequila que tenía Don Gabo y pronto entre ellos dos, se acabó.
Los tres hermanos nos dedicamos a desmantelar la casa, queríamos hacerlo pronto, regalamos casi todo, muchísimas cosas a los asilos donde ayudaba mi mamá, vendimos algunas, Paloma se quedó con muchas cosas de cocina, pues le encanta, a cada amiga le dimos las cosas de valor que creímos les gustaría tener, al novio de Julie mi compañera le vendimos la camioneta de mi mamá que no era la combi,  la hermana de Pola se acababa de salir de su casa, así que le hicimos un paquete de refrigerador, colchón, lavadora y cosas de cocina, cada uno teníamos nuestro rincón donde íbamos poniendo lo que queríamos o lo que creíamos que alguno quería, se lo poníamos en su rincón como cuando Luis encontró en una cajita un papel que decía “pelo Mich”, qué asco, Luis me dijo esto es tuyo y yo de inmediato lo tiré a la basura.

Cuando ya la casa estaba vacía solo quedaban las dos cajas donde estaban las cenizas de cada uno y la vela que estaba prendida, yo las cargue y se me hicieron pesadísimas, eran realmente pesadas, nunca lo hubiera imaginado, cuando piensas en ceniza crees que es algo tan ligero, no lo es.
A ellos los llevamos a un nicho en una iglesia que compraron muchísimos años antes, no he ido a verlos. En ese nicho estuvo un tiempo mi abuela y el esposo de otra amiga de mi mamá, la amiga se llama Carmela, es de Monterrey y al hablar dice muchísimas groserías, es súper simpática y chistosa, su esposo como en el año 1990, le vendió al gobierno de Jalisco unos compresores para el tren ligero, el gobierno transa no le pagó y él ahogado en deudas, decidió darse un tiro. Carmela le llamó a mi mamá desesperada y le dijo: van a venir los bancos y me van a quitar todo, me van a embargar porque este pendejo lo debe todo.

En ese tiempo mi mamá tenía una combi que estaba equipada con mesa, se hacía cama, tenía cortinas y en medio un pasillo por el que podías caminar, en esa combi fuimos a Orlando, a Tabasco y a Cancún. Wica metió las cosas de la casa de Carmela a dentro de mi casa, para lograr eso dio mil vueltas de una casa a otra. Llegó un momento en que Carmela le dijo ya, Wica, ¡ya para!, y Wica le respondió: pues esta televisión no te la van a embargar, amiga, ni este estéreo, ni esto otro, sin hacer caso siguió. En mi casa no se podía ni caminar de tantas cosas que había. Después del velorio del marido, Carmela no tenía donde ponerlo, así que mi mamá se ofreció a invitarlo al nicho de la iglesia que ella tenía para sí.  Cuando entregaron las cenizas mi mamá las tomó y le dijo a su amiga: yo lo llevaré a mi nicho. Para que no se viera la cajita de madera, mi mamá la metió en una caja de zapatos y luego la puso en una bolsa de plástico del súper y la dejó en la combi. No llamaba la atención pero pasaron días y supongo se le olvidó, pasaron después semanas y un día cuando iba con ella en su combi, en un frenón solo me di cuenta que la caja se paseaba por el pasillo de la combi, sorprendida le dije: ¿no me digas mamá que ahí traemos las cenizas del esposo de Carmela? Ella sin ningún reparo dijo sí, ¡lo estoy paseando porque ya una vez que lo meta a la iglesia ya no saldrá de ahí!